sábado, 27 de diciembre de 2008

Imagen de Cuerpo y Unidimensionalidad

"El hombre no piensa con su alma,
como lo imagina el Filósofo.
Piensa porque una estructura,
la del lenguaje – la palabra lo implica –
porque una estructura recorta su cuerpo
y nada tiene que ver con la anatomía.
Testigo la histérica.”
Lacan.


El psicoanálisis no presentó una innovación de conceptos, en la mayoría de los casos, utilizó conceptos ya existentes, como pulsión o complejo, pero si realizó una transmutación de conceptos, pues fueron desocupados de su significado primigenio y vueltos a ocupar con significados nuevos, por eso el psicoanálisis es una nueva problemática. (Urzueta y Lora, 2002)

Dentro de la razón de estos conceptos redivivos nos encontramos con un cuerpo deseante, sujeto permanente de las contradicciones, campo de batalla de una cultura y un deseo en permanente lucha, el sujeto que, en clave lacaniana, alcanza este estado por la permanente lucha entre la realidad y lo real.

El antiguo malestar en la cultura de Freud ha sufrido importantes cambios en sus manifestaciones; el malestar no ha cambiado, pero se vive diferente, y no sólo como muestra de un tiempo que trae cambios, sino de toda una lógica social que lo ha hecho cambiar en sus manifestaciones, este trabajo expondrá la idea que subyace a las manifestaciones sociales.


Antes de hablar de Esquema Corporal e Imagen de Cuerpo se impone la necesidad de conceptualizarlos un poco. El primero implica la existencia de aquellos elementos que nos hacen comunes a la especie humana: tener una nariz, dos ojos, mientras que la segunda se refiere a una relación de mediación entre Yo, Ello y Superyo. (Madrigal y Gallo, 2000)

Para la psicología cuenta la primera noción, ésta toma en cuenta las estructuras biológicas y se basa en ellas, nos habla de un esquema corporal que va evolucionando de la mano del desarrollo y la maduración, aunque no se queda con el aspecto físico también toca el aspecto de construcción del mismo como una representación mental, la cual no es sólo el “sentir” nuestra piel, músculos, etc., si no que resume las experiencias cognitivas, subjetivas y afectivas. (Urzueta y Lora, 2002)

Desde un punto de vista de la realidad, el cuerpo puede tomarse en el sentido de organismo, lleno de carne, mucosas y cosas que podrían resultar más o menos desagradables, es el cuerpo de la medicina, el que todos y todas traemos al nacer, resultado de la unión de 23 parejas de cromosomas aportados por nuestros padres. (Urzueta y Lora, 2002)

Desde un punto de vista inconsciente, y siguiendo los desarrollos psicoanalíticos, al momento de nacer se es un organismo, no un cuerpo. El cuerpo es una construcción significante, algo que nace en la relación con el Otro, diría Lacán; porque antes de nacer, el organismo está cruzado por el significante de su nombre, sus padres, lo esperan con ilusiones, sueños, ideales, ya existe en el discurso, en tanto y cuanto se le ha nombrado como un ser aparte, como un cuerpo diferente, el organismo es, el cuerpo implica existir. Abandona esta condición de realidad y se constituye como un sujeto, el (la) niño (a) ha caído en manos de la construcción social; luego el otro significativo ira erogenizando al niño, las horas de alimentación, los sabores de los alimentos, las miradas de los Otros, aún los golpes y las frustraciones que reciba, irán marcando su cuerpo como deseante, circulando entre el placer y el displacer, el deseo y la satisfacción (Urzueta y Lora, 2002)

Simbólicamente hablando, el cuerpo es un espacio vacío, es vacuidad pura, es un papel donde se irán inscribiendo y escribiendo las marcas significantes, a partir de él se privilegiarán pulsiones y las zonas erógenas. (Urzueta y Lora, 2002)

Imaginariamente, el cuerpo es la vivencia de una imagen unitaria[1] brindando unidad a un organismo fragmentado, el niño encuentra unidad en la imagen de cuerpo. (Urzueta y Lora, 2002)

“Por ejemplo, el niño parapléjico tiene necesidad de jugar verbalmente con su madre, hablando de correr, de saltar, cosas que su madre sabe tan bien como él que jamás podrá realizar. Proyecta así este niño una imagen sana del cuerpo, simbolizada mediante la palabra y las representaciones gráficas, en fantasmas de satisfacciones eróticas, en el intercambio de sujeto a objeto. Habla así de sus deseos con alguien que acepta este juego proyectivo, permite al sujeto integrar dichos deseos en el lenguaje a pesar de la realidad de la invalidez de su cuerpo”. (Doltó, 1986, citada por Madrigal y Gallo, 2000 pág. 19).

Los orígenes de la comprensión, y de los medios para la misma, podrían ser encontrados en el diálogo humano entre el infante y su madre (o la/el sujeto que le cuida). (Rutter, 1988, citada por Madrigal y Gallo, 2000). Un niño puede pensar (o conocer) en diferentes formas, y estas formas en parte, pueden reflejar los contextos en los cuales cada modo de pensamiento se adquiere y aplica. El conocimiento social de las y los niños puede ser representado por “roles” que especifican los eventos entre personas que participan en las rutinas sociales. (Nelson, 1981, citado por Rutter, 1988, citada por Madrigal y Gallo, 2000) Esta es una sociedad cerrada porque ubica todas las dimensiones de la existencia en una sola, lo que produce dos efectos: el primero es que todas las fuerzas de oposición anteriores están asimiladas y segundo llega a administrar y movilizar metódicamente, es decir, con control, los instintos humanos, lo que hace que los elementos potencialmente explosivos y contestatarios del inconsciente sean socialmente manejables. Esto refuerza la productividad, pues la “democracia” consolida más la dominación que el absolutismo. Una de las manifestaciones de esta postura es la violencia en la imagen, no sólo en el aspecto presentado, sino en la fabricación personal que se hace de una imagen potencialmente reprimida. (Marcuse, 1968).

El mal se muestra como una contradicción a la palabra y a la esencia humana, el problema es que los diferentes contenidos son asumidos unidimensionalmente como buenos. Esta bien el buscar la satisfacción de las necesidades, pues este es el contenido esencial de la liberación, pero a medida que se avanza hacia este punto, la libertad se convierte en una necesidad que cruza la satisfacción de las demás necesidades, el problema que es que se busca la satisfacción de unas necesidades ficticias impuestas por el sistema, por lo que en su definición no hay libertad en la búsqueda de esa satisfacción, siendo así que la búsqueda de una satisfacción sólo es la forma de perpetuar el sistema. (Marcuse, 1968). Lo que se trata es de no vivir la prohibición, dicha prohibición impuesta al sujeto sólo refuerza su deseo, a veces con rebeldía ante la anulación en vista de la inutilidad de perseguir su objeto. La prohibición de éste implica un riesgo imaginario de mutilación para el cuerpo y para la zona erógena afectada por la misma prohibición (complejo de castración). (Doltó, 1986). El problema radica en que la el instinto es una fuerza permanente y como tal exige que su conversión unidimensional también lo sea, lo cual explica el bombardeo mediático que sufrimos en nuestra sociedad actual. (Freud, 1993)

Opina Marcuse que la forma de superar esta contradicción es la conversión de la solidaridad en una necesidad biológica. Siguiendo la lógica de esta contradicción el hombre unidimensional oscila entre dos hipótesis contradictorias: la posibilidad que tiene la sociedad industrial de contener un cambio a través de esta unidimensionalidad y la existencia de fuerzas que podrían romper esta contención y provocar un estallido social. (Marcuse, 1968).

En primer lugar tenemos que la gente se identifica en sus mercancías, ya no se sigue la lógica de la plusvalía de Marx, sino que se es el objeto que se posee. Lo que significa que el mecanismo que une al sujeto con la sociedad esta basado en la identificación, en lugar de la solidaridad o la supervivencia como en el pasado. (Marcuse, 1968).

Sin embargo, aparte de esta dimensión en la que existe un control social que a afectado la capacidad de rebelarse desde sus mismas raíces, queda el ego como un espacio personal desde donde pueden nacer fuerzas de rebelión. (Marcuse, 1968).

Por ejemplo las guerras actuales lo que implican es la lucha de un grupo contra un sistema y la guerra sirve para movilizar una economía potencialmente detenida, manteniendo de esta forma un alto nivel de vida y por lo tanto una mayor unidimensionalidad, en tanto y cuanto es el mantener este nivel de vida impuesto la necesidad vital que se busca llenar. (Marcuse, 1968).

Esto también nos dice que en el capitalismo la racionalidad técnica se encierra en el aparato productivo, pese a una irracionalidad donde se apela a la satisfacción falsa de instintos que todos creemos como básicos. (Marcuse, 1968).

De acuerdo a esta lógica podemos ver que las cosas tienen ritmo, porque existen por sí solas y son las que definen al sujeto, y este ritmo se transmite al sujeto, a su cuerpo y a su alma. Ya ahora el sujeto no vive en el desempeño personal que, si bien era esclavizante, implicaba un lugar donde el sujeto podía vislumbrar sus contradicciones y a partir de estas buscar un cambio en su vida. Siguiendo la tradición de la filosofía griega, las diferente formas de existencia estarían marcadas por el movimiento, más adelante Descartes dirá “cogito ergo sum”, en la sociedad unidimensional la única existencia posible es la de la masa alienada. Por eso a los locos los encerramos y a los niños los educamos. (Marcuse, 1968).

Según el autor, la base material de esto se encontraría en:

· La creciente productividad.
· El crecimiento de la natalidad.
· La economía de defensa.
· La integración económica y política de los países capitalistas y el fortalecimiento de sus relaciones con las zonas subdesarrolladas.

Una de las características de esta sociedad unidimensional es la automatización, referida a que el objeto toma vida propia, el objeto se convierte en un sujeto en si mismo. Esto implica, aparte de la posibilidad de que esta existencia propia esté por encima del manejo burocrático posible, el poco deseo de cambiar el orden de las cosas, porque no se ve la necesidad de cambiar si esta vida es la buena vida. (Marcuse, 1968).

Hoy en día el pluralismo no existe en tanto y cuanto es un grupo poderoso el que maneja las cosas, los aspectos “románticos” son vistos como cosas del pasado, hoy en día la realidad sobrepasa la cultura: “la música del espíritu es también la música del vendedor. Cuenta el valor de cambio, no el valor de la verdad.” (Marcuse, 1968, pag. 87)

Tenemos ahora la alienación artística, esto es la trascendencia inconsciente de la existencia alienada: un nivel más alto, una alienación mediatizada. Pero la conciencia de la alienación no implica la postura del cambio. Por que los bienes de la cultura se convierten en cosas de consumo masivo. (Marcuse, 1968).

Por lo tanto tras la democratización en realidad subyace un intento de mantener a todos bajo los mismos cánones. Es el control masivo del deseo, en última instancia el control del cuerpo. (Marcuse, 1968).

Si vemos el pasado, por ejemplo, Madam Bovary era una persona que sufría trágicamente el permanente malestar de su cultura, la sociedad actual en lugar de buscar la superación de las dificultades ha resuelto el problema suprimiéndolo. (Marcuse, 1968).

Esta anulación es precisamente la unidimensionalidad, esta implica la anulación de los problemas, la anulación del malestar en la cultura, y donde se siente precisamente este malestar, es decir, la anulación del cuerpo, la desaparición del sujeto. (Marcuse, 1968).

Esto se manifiesta aún el lenguaje, porque se deja de nombrar las cosas del pasado, porque de nombrarlas se traerían de nuevo a la vida, es decir, el discurso actualiza, Marcuse lo llama el cierre del universo del discurso. Esto afecta la representación corporal del sujeto, porque esta es revelada en el discurso. (Marcuse, 1968)

Urzueta y Lora, 1992, lo van a llamar ruptura epistemológica, sería lo que en clave lacaniana consideraríamos una diferencia entre significante y significado, la palabra (en el sentido de constructo fonológico) puede ser la misma, pero su significado y la relaciones que se establece con otros conceptos es diferente.


Acá está el sentido de la frase de Lacán de que el inconsciente se estructura como un lenguaje, porque se manifiesta a través del discurso. (Urzueta y Lora, 2002)

La misma naturaleza deviene una serie de objetos solitarios y terribles, nadie les da un sentido, porque dárselos equivale a otorgarles una existencia, por lo tanto, sería capaces de dañar, curiosamente él llama a esto darles una ternura. Ternura implica por lo tanto existencia, capacidad de satisfacción, pero también peligro. (Marcuse, 1968).

Entonces el discurso está lleno de terror, no relaciona a los sujetos con otros, sino con las imágenes más inhumanas de la naturaleza: el cielo, el infierno, lo sagrado, la infancia, la locura, la materia pura, etc. (Marcuse, 1968).

La protección que tenía el sujeto contra lo anterior en el pasado era la soledad, la cual se hace imposible en estos tiempos, siempre hay un teléfono o algún elemento tecnológico que nos mantiene en colectividad, así que la desaparición es la forma de defensa que se tiene. (Marcuse, 1968).

De esta forma la sexualidad, por ejemplo, sufre de una desublimación en tanto deja de acceder a objetos “superiores” en la inmediatez que presupone su aparición, y queda a merced de los medios socialmente permitidos de encauzarla, (Marcuse, 1968). concepto opuesto a la sublimación, que implica una reestructuración dinámica de las pulsiones, en estas el deseo busca nuevas cristalizaciones a través de otras vías y estas nuevas vías exigirían, para su satisfacción, una elaboración que primitivamente no existía, cosa imposible en una sociedad unidimensional que afecta aún el proceso de pensamiento. (Madrigal y Gallo, 2000) En otras palabras, el principio del placer supera al principio de realidad, por que la realidad duele y esta sociedad arregla sus contradicciones mediante la anulación. Así que se apuesta por la satisfacción completa, las consecuencias no existen, no se mencionan, por lo tanto no son. Se deserotiza la actividad humana en sus facetas de actividad y pasividad. El ambiente que daba placer se ve drásticamente reducido, se busca la satisfacción inmediata. Lo erótico se reduce a la experiencia y la satisfacción sexual, ya no importan otras formas mas “elevadas” de acceder a la catexia libidinal. (Marcuse, 1968).

No se puede perder de vista que “Una castración puede conducir a la sublimación, pero también puede desembocar en una perversión, o en una represión de desenlace neurótico[2]” (Doltó, 1986, citada por Madrigal y Gallo, 2000, pág. 67).

“Para la sublimación se necesita la castración, el sostén de la simbolización de las pulsiones es el sentido del lenguaje. Aún la castración dada y recibida por el sujeto, no le garantiza una simbolización que es a la vez fuente de nuevas simbolizaciones y excluyente de las patógenas. Una simbolización patógena suscita una dirección perversa en el cumplimiento del deseo”. (Madrigal y Gallo, 2000, pág. 70)

La sociedad actual convierte lo que toca en una forma de producción, lo sexual no es una excepción. Así que esta desublimación institucionalizada se convierte en un aspecto de la trascendencia de la sociedad unidimensional. De la misma forma que la sociedad absorbe o reduce aquello que se le oponga, se produce una atrofia de la capacidad para percibir las contradicciones diluyéndose todo en la conciencia feliz, o como Lacan lo llamaría “la belle indiference”. (Marcuse, 1968).

Esta conciencia feliz significa la creencia que lo real es racional, queremos puntuar este término: lo real, esto implica la lectura personal de cada sujeto de las cosas que devienen de la realidad, esto se traduce en un conformismo absoluto y por lo tanto en una forma de conducta social. Por lo tanto en la expresión típica del pensamiento tienden a desaparecer las tensiones entre apariencia y realidad. Un concepto similar a la falsa conciencia de Marx. (Marcuse, 1968). La imagen del cuerpo es algo que se manifiesta no sólo en lo imaginario, tiene además una función simbólica, el no poder acceder o ver dificultado de alguna manera el acceso implica el nacimiento de patologías. (Madrigal y Gallo, 2000)

“La existencia como ese real inabordable al significante distingue el enfoque
psicoanalítico de cualquier formalismo que pretende hacer del sujeto un dato
perfectamente calculable y previsible. El interrogante vivo abierto por las denominadas afecciones psicosomáticas, cuestionándonos desde ese real imposibilitado de advenir a lo simbólico, es prueba irrefutable de la existencia del goce como el más allá de toda comprensión (bio)lógica.”
(Urzueta y Lora, 2002, pág. 6).

Tenemos entonces una comunicación que impide el desarrollo genuino del significado, porque las masa introducen una serie de significantes nuevos que reflejan esta realidad de segunda mano. Así los nombres de las cosas, que indican su forma de funcionar, se cierran en un discurso alternativo que cierra y define su significado, excluyendo otra forma de funcionar, por ejemplo si se dice hembra (referido a una mujer) se está poniendo un coto a sus particularidades y se le singulariza como un objeto que puede dar un placer sexual inmediato. El resultado sería lo que Marcuse llama un lenguaje Orwelliano: “si quieres la paz prepárate para la guerra”, cuando se dice por ejemplo el diputado de Puntarenas, de una vez se dice que es el representante de un grupo específico, por lo tanto sus funciones quedan reducidas a la satisfacción de ese grupo. El lenguaje comunica así órdenes, decisiones, fallos, es un lenguaje cerrado que no demuestra ni explica. (Marcuse, 1968). La imagen del cuerpo nace en la relación discursiva, entre la madre y el infante, osea se construye en la palabra, un lenguaje cerrado implica una imagen de cuerpo cerrada, y si tomamos en cuenta que esta expresa una relación entre el afuera, el adentro y la ley nos damos cuenta que la misma esta viciada en tanto imposibilita el acceder al deseo del Otro pues nos vuelca a posturas narcisistas, posibilita también la imagen del cuerpo el poder representar los diferentes fantasmas, definidos como la forma en la que se estructura el deseo. (Madrigal y Gallo, 2000)

En resumen: “La contracción del concepto en imágenes fijas; el desarrollo detenido en fórmulas hipnóticas que se autovalidan; la inmunidad contra la contradicción; la identificación de las cosas (y las personas) con su función: estas tendencias revelan la mente unidimensional en el lenguaje que habla”. (Marcuse, 1968, pag. 127)

“Las palabras además de iniciar el pensamiento, también son estímulos esenciales en la elaboración de los procesos sociales y conllevan el valor de aquellos procesos sociales. Esta es la importancia del proceso vocal y junto al mismo va la inteligencia y el pensamiento. La importancia de este proceso descansa en que el o la sujeto puede percibir lo que dice y al hacerlo tiende a responder como otros responden”. (Madrigal y Gallo, 2000, pág. 67)

Esta supresión del significado del lenguaje implica el fin de la historia, osea la muerte del pasado. Revisar la historia puede llevarnos a descubrimientos desagradables y la sociedad unidimensional que preconiza el placer y busca la satisfacción inmediata no está interesada en que se vislumbren sus contradicciones. Por lo que también, entonces, sucumbe la memoria, ya que al confrontar la historia el pensamiento se vuelve conciencia histórica, y como tal implica un juicio(Marcuse, 1968).. En última instancia la palabra cultura designa un recorrido por la historia. (Madrigal y Gallo, 2000)

“El espectro de una humanidad sin memoria… no es un mero producto de decadencia, sino que está ligado necesariamente con el carácter progresivo del principio burgués. Economistas y sociólogos, como Werner Sombart y Max Weber, han relacionado el principio del tradicionalismo con las formas de la sociedad feudal y de la racionalidad con la sociedad burguesa. Pero esto implica que la sociedad burguesa avanzada anula memoria, el tiempo, el recuerdo como una especie de residuo irracional del pasado…” (Adorno, citado por Marcuse, 1968, pág. 129).

La Imagen de Cuerpo tiene un desarrollo histórico, se reconocen tres etapas en su desarrollo:
·. Imagen de base: es la que permite experimentar la mismidad del ser; conocida y reconocida, que “va-deviene” para cada función de acuerdo a un sexo. De aquí procede la noción de existencia. Hay una imagen de base para cada etapa del desarrollo libidinal. (Doltó, 1986).
·. Imagen funcional: contrario al carácter estático de la imagen de base, esta tiene un carácter esténico que busca el cumplimiento de su deseo. Es decir “... la imagen funcional anal del cuerpo de un niño es primeramente una imagen de emisión expulsiva, en su origen relacionada con la necesidad defecatoria que él padece que él experimenta pasivamente y que cobra o no sentido de lenguaje por la madre; luego, en segundo término, cobra la forma de expresar la expulsión esténica agradable de un objeto parcial no siempre substancial y que puede ser transferido por desplazamiento sobre un objeto parcial sutil del cuerpo propio. Por ejemplo, la expulsión para el placer de la columna del aire pulmonar, modificando la forma de apertura y la emisión de sonidos, lo que permite la sublimación de las analidades en el decir palabras y en la modulación de la voz cantada.” (Doltó, 1986, citada por Madrigal y Gallo, 2000, pág. 48).
·. Imagen erógena: está asociada al sitio del cuerpo donde se siente place o displacer en la relación con el otro. Junto con las otras forma una imagen dinámica que viene a significar el deseo de ser y perseverar en un futuro: “el sujeto con derecho a desear”. (Doltó, 1986, pág. 50). Implica nacimiento y también depende de la etapa de desarrollo que la identifique, puede ser activa o pasiva refiriéndose al actuar. (Doltó, 1986).

La comunicación es sólo la capa exterior, lo que está ocurriendo es una total redefinición del pensamiento mismo, porque el pensar implica la elaboración y como resultado da conceptos, que es el unir el pensamiento a otras cosas que no aparecen necesariamente ligadas, osea mediación. Dado que lo real se transforma se debe difuminar la mediación para convertirla en algo concreto, es decir un falso concepto porque está separado de todo lo demás. Es mejor llevarse bien con el jefe que tener conflictos, de esta forma se produce más. (Marcuse, 1968).

Pero el pensamiento no es nada sin la praxis, este adquiere significado cuando es universal, y se actúa en consonancia. Esto es algo que va más allá del percatarse de los hechos, afirma Marcuse que la teoría social es la crítica de los mismos. (Marcuse, 1968).

El proceso de alienación nos va llevar al concepto de síntoma, desde un punto de vista psicoanalítico es un formación del inconciente, no necesariamente una enfermedad[3], lacaniamente diríamos que es una gran metáfora, que da cuenta de una pregunta que tiene el sujeto y que ocurre en el cuerpo. En este momento, fue cuando Freud descubre que el inconsciente produce efectos tan poderosos que se pueden encontrar en el cuerpo. Es la marca de la conversión histérica. (Urzueta y Lora, 2002)

Todo síntoma posee un sentido, lo reprimido hace su retorno mediante las formaciones de compromiso. Desde este punto de vista la enfermedad implica que ha fracasado la represión. Pero el contenido que le dio origen permanece desconocido porque es inconsciente. Los contenidos conscientes no producen síntomas, ahí está la pequeña gran tarea del psicoanálisis. Desde hace tiempo se ha reconocido que un síntoma como la parálisis de un miembro lo que está implicando es que ese miembro se esta comportando no como un órgano, sino como un significante ignorado[4]. (Urzueta y Lora, 2002)

Conclusiones

Es claro como la acción del significante sobre el organismo lo convierte en un cuerpo, en una sociedad en la que se juega con el significante y lo reprimido sigue las líneas de la unidimensionalidad, las llamadas patologías sociales son en resumen una forma de represión colectiva que ha fallado.

Si retomamos el concepto de vacuidad que emite el psicoanálisis, la vida actual, tal y como se expuso anteriormente, es simplemente un sitio desde el que nacen significantes que se inscribirán en esa vacuidad, si estos carecen de sentido o de forma, se instala una imagen de cuerpo permanentemente vacía o a lo sumo lleno de los contenidos impuestos fuera de la razón, el discurso y la historia.

Desde el psicoanálisis el cuerpo es algo que está hecho para gozar de sí mismo, por lo tanto, si mediante “trucos” unidimensionales se le imponen contenidos vacíos, el sujeto está condenado a vivir permanentemente sin substitutos que busquen el llenar la falta[5]. Se excluye la dimensión de goce.

Cae aquí la dimensión paradójica, en la cual un sujeto se aferra al goce, aún cuando le produzca sufrimiento, porque las necesidades han sido creadas no vienen desde “adentro”. El síntoma satisface, esta es la paradoja, porque el goce implica displacer.




BIBLIOGRAFÍA

Marcuse, H. (1968). El Hombre Unidimensional. Barcelona: Editorial Seix Barral, S.A.

Madrigal, A y Gallo, A. (2000). Imagen de Si Mismos de Hombres Travestis. Tesis para optar al grado de licenciatura en Psicología. UCR

Doltó, F. (1986). La Imagen inconciente del cuerpo. Barcelona: Paidos

Freud, S. (1993). Psicología de las Masas y Análisis del Yo en Freud Total. Versión electrónica de Obras Completas de Sigmund Freud. S.C. Editorial Nueva Helade

Urzueta, C y Lora, M. (2002). El estatuto del cuerpo en psicoanálisis en Revista Ajayu. Vol. 1, año 1, Universidad Católica Boliviana, tomado de la red internet en http://www.ucb.edu.bo/Publicaciones/Ajayu/volumen %201.1/ Accesado el 15 de marzo de 2008

[1] Imaginario por que el cuerpo es el de un sujeto cruzado por el malestar
[2] “Una castración que induce el deseo de satisfacerse con el sufrimiento, en lugar de satisfacerse con el placer, es una perversión” (Doltó, 1986, pág. 67).
[3] Médicamente hablando
[4] Recuérdese a Elizabet Von R y el establecimiento de que la parálisis de su pierna tenía que ver con una familia que no “caminaba”
[5] En sentido Lacaniano

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